1º Compromiso de servir
Simeón como siervo de Dios, plasmado en sus palabras “Ahora,
Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz”.
“Simeón no era el dueño de su vida, lo era Dios, y toda su
vida fue de obediencia a la palabra de Dios. Nada le dio paz hasta que la
palabra de Dios se cumplió. Tenía realmente un corazón de siervo”
Según el “corazón de siervo” de Simeón también hoy es
posible reconocer la presencia de Jesús como hizo el anciano “cuando nos
sometemos a Él y a su autoridad en todos los ámbitos de nuestra vida”.
“nos volvemos ciegos a la presencia de Dios cuando
pretendemos ser los dueños absolutos de nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestra
sexualidad, nuestros recursos, nuestra salud, etc. Jesucristo debe ser
verdaderamente el dueño de todos los aspectos de nuestra vida, y nosotros
debemos someternos humildemente a Su señorío si vamos a reconocer Su presencia
en nosotros”.
2º Compromiso de una vida santa
Simeón también se comprometió a una vida “agradable a Dios”
e “inspirada por el Espíritu Santo”.
“Inspirados y sostenidos por el Espíritu Santo, cuanto más
nos esforcemos por alcanzar la santidad, dependiendo totalmente de la gracia de
Dios para lograrlo, más sentiremos su presencia y acción en nuestras vidas”,
“mediante la lucha incansable por erradicar el pecado y por
nuestra negativa a dejarnos dominar por el egoísmo”.
3º Compromiso de rezar y adorar a Dios
La profetisa Ana, “se
entregó por entero a la oración y al culto, y ni la vejez ni la pérdida de su
marido, nada le impidió rezar con perseverancia y sin pausa, de día y noche, en
los buenos y en los malos momentos, fuese fructífera o no”.
Del mismo modo, invita a los fieles a imitar su ejemplo y
comprometerse con su vida de oración.
4º Compromiso con la búsqueda de Jesús
Simeón y Ana viven “la esperanzada expectativa de la
aparición del Mesías” siguiendo el
llamado de Jesús, “buscad y hallaréis”.
Entre otras formas, propone buscar a Jesús en el tiempo
diario de oración con su Palabra, búsqueda que “debe llevar a la recepción
frecuente de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la penitencia. Lo
buscamos en otras personas que conocemos, teniendo en cuenta que “cuanto
hagamos a uno de los más pequeños, a Él se lo hacemos” (Mt 25,40). Lo buscamos
en los acontecimientos y circunstancias diarias de nuestra vida. No podemos
reconocer su presencia oculta con nosotros si no lo buscamos consciente y voluntariamente”.
La iniciativa del discipulado siempre es de Dios; la
respuesta, nuestra.
5º Compromiso de anunciar a Cristo
Como último de los compromisos para reconocer la presencia
de Dios en el día a día, recuerda como Simeón y Ana hablaron de inmediato de lo
ocurrido tras encontrar a Jesús, relatando el Evangelio cómo Ana “hablaba del
niño a quienes esperaban la redención de Jerusalén”.
Devolver a Cristo su propio compromiso
Antes de concluir, recordar el compromiso de Cristo con cada
uno de los fieles. Un compromiso tan grande que "voluntariamente se hizo
uno de nosotros para liberarnos del diablo y del poder de la muerte y siempre
está dispuesto a ayudarnos en nuestras luchas presentes. En virtud de la
encarnación continua, Jesús está comprometido para siempre con nosotros, y
nunca nos abandonará. Nos muestra su compromiso perenne en cada misa.
Comencemos hoy a comprometernos verdaderamente con Él para poder reconocerlo
con nosotros y anunciarlo a los demás”.
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