Para no ser yo mismo en mis relaciones sociales, por respetos humanos, por no sentirme entendido en mis pensamientos , sentimientos o convicciones, por temor a sentirme burlado, marginado, menospreciado, no integrado en el grupo con el que estoy en contacto, estoy ante ellos con convicciones insegures, poco elaborades.
Por otra parte, ahora no puedo salir de casa
si no es con una silla motorizada, y me doy cuenta que ante cualquier
dificultad tengo cerca persones dispuestas a echarme una mano, incluso
acompañarme un trayecto, como el otro día Juan y su mujer que al vernos en
apuros mi mujer y yo nos ayudaron a volver a casa. Como estos por todas partes
surge gente dispuesta a ayudarnos. Desde que tengo dificultad en salir a la
calle, tanto yo como mi mujer, siempre encontramos una mano amiga, que nos coge
del brazo, que nos ayuda a subir o bajar unos escalones, a traspasar una acera
en males condiciones o con pendiente lateral.
La calle para mí se ha convertido en una zona
de compartir con la gente amigablemente, sin saber que mentalidad tienen o que ideología
profesan, sencillamente se trata de ayudar a quien lo necesita; lo del buen
samaritano de una manera u otra ha calado en nuestra Sociedad.
Económicamente, cuando en mi tierra se hace
una maratón benéfica para investigación de determinades enfermedades, los
millones caen como lluvia de mayo, mucha gente colabora con aportaciones económicas;
lo mismo digo con el banco de alimentos para atender a persones o familias que
se encuentran en la miseria porque se han quedado sin Trabajo, ni vivienda en
la marginación mas absoluta.
El poder de convicción no descansa en ideologías
ni en religiones, sino en estar despiertos a las necesidades ajenas y
atenderlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario