Hazme dócil Señor
a tu palabra a tu mensaje que no sea mi boca la que hable sino mi corazón quien
sienta y diga, y profundice en lo que necesita ser cambiado en mí, que quien me
vea reconozca esa pobreza de mi corazón, ese desprendimiento total, esa
generosidad en el servicio.
En el comedor social algunos beneficiarios se han
vuelto muy señoritos, porque rechazan lo que no les gusta, y exigen lo que les
gusta, estos pues razonen y vean que detrás vienen otros con más necesidades y
que acogen lo que se les da con más gratitud, pero que sepan que no por eso se
les va a excluir.
Porque no solo de pan vive el hombre, otro en cambio dice si
otro viene en mi lugar se lo cedo si piden es por necesidad.
Los que vienen nos
van a cambiar con su pobreza, con sus manifestaciones, con sus proyectos con su
manera de ser, con la aceptación de lo que se les ofrezca.
La gente viene con
el dolor de tener que abandonar su tierra, con el sufrimiento de sentirse
rechazados, con las perdidas familiares i gente querida por el camino del
exilio, y de nosotros ¿qué pueden recibir? La sanación del Señor en los afectos
sentimientos moral dañadas.
La oración de sanación interior la podemos hacer con
oración en lenguas, con una caricia, con un beso, con una palabra de ánimo,
acompañando con un silencio, de muchas maneras podemos sanar dolores que lleva
la gente dentro, y cuando se sanan la protesta, la crítica, el desprecio, el
menosprecio incluso de las ayudas, todo esto desaparece porque cuando la
persona se siente apreciada es agradecida con quien le aprecia y le da, no como
limosna sino como gesto de amistad.
Ahí está nuestra labor, si el Señor a mí me
cambia y lo reconozco, creo que los otros son susceptibles de estos cambios.
Ante esta reflexión sobre la situación que estamos viviendo,
propongo un canto de gratitud, alabanza para responder al amor de Dios y
preparación para escuchar la Palabra de Dios.
Pablo y Silas buscando a quien comunicar
el evangelio tres sábados fueron a la sinagoga de Tesalónica para dar a conocer
a Cristo, también nosotros podemos convocar a lugares de reunión cristiana para
comunicar el conocimiento de Cristo, su salvación, la dignidad a la que estamos
llamados, como Cristo muriendo en la cruz perdonó y nos salvó al resucitar, nos
ofrece la gran esperanza nos ofrece un porvenir que no podíamos ni soñar
previamente.
Hemos de saber comunicar esto, que no es una huida del mundo, no
nos desentendemos de este mundo porque tenemos la esperanza de la vida eterna,
porque la esperanza de vida eterna es consecuencia de la purificación y
dignidad que hayamos logrado en esta vida; y si no tenemos en cuenta eso es
vana nuestra fe, ya previsto por Pablo.
Si no sabemos morir a nuestros
caprichos, si no sabemos morir a nosotros mismos, a nuestro orgullo, a nuestra
prepotencia, al darnos importancia al hacernos ver, a estar más presentes en la
sociedad a ser bien considerados, hemos de saber morir a esto , a nuestras
riquezas a, saber vivir en nuestra pobreza, saber vivir escondidos en el
corazón de Cristo y no pavonearnos delante del mundo, a esta muerte y dignidad
es a la que Cristo nos llama, como Pablo os anuncio saber morir en Cristo,
saber perdonar las ofensas que nos han hecho , no echar en cara nada a nadie de
lo que hace, no mal juzgar a nadie porque todo esto es nuestro amor propio,
nuestra personalidad humana, pero no es la cristiana que Cristo quiere. Morir y
perdonar como Cristo y en ello está nuestra resurrección nuestra liberación,
porque la liberación del Señor por la muerte y resurrección de Cristo nos llega
ya ahora, en esta tierra.
Nosotros progresamos espiritualmente, crecemos
espiritualmente gracias a la resurrección de Cristo y gracias a las gracias que
Él nos da y al Espíritu que nos ofrece en el Pentecostés que hemos recibido,
por la misericordia y fidelidad de Cristo.
Hay un camino a hacer en cada uno de
nosotros un camino de saber ser pequeños como niños como nos dijo Jesús, y el niño
no juzga, aprende, admira, se admira de las cosas, goza de lo que vive, hemos
de ser semejantes a él, con esta simplicidad y sencillez, limpiando nuestro
corazón y nuestra mente.
El papa Francisco con el Vaticano ya ha empezado a dar
ejemplo en esta línea, ha escogido un camino de libertad, siempre come
acompañado. Empecemos a dar, sin parar.